Autodiagnóstico · 36 situaciones

Treinta y seis cosasque pasan en fincas bien manejadas

Ninguna es un error de criterio: pasan porque el dato no está escrito en ninguna parte. Abre las que te suenen — debajo de cada una está qué hace BoviMonitor con ella.

Sin tarjeta de crédito Funciona sin señal

Módulo Suplementación

Sal, suplemento
y lo que sale de la bodega

Catorce situaciones alrededor de lo que se compra con factura y se entrega de memoria.

Sospechas que se está yendo sal, y no tienes con qué probarlo ni con qué descartarlo.

Un faltante sin registro no se explica: se discute. Y la discusión desgasta al equipo sin arreglar nada, porque nadie puede demostrar su versión.

Cuando cada salida de bodega queda pegada a su entrega —con su lote, su fecha y quién la registró—, el conteo físico deja de ser una impresión y pasa a ser una resta contra algo. En la mayoría de las fincas lo que aparece es que el faltante no era robo, y esa respuesta vale tanto como la otra.

Se te acabó la sal, y te enteraste el día que ya no había.

El sistema calcula los días de inventario que te quedan de cada producto con el consumo de las últimas semanas, o proyectados con el de los planes vigentes. Antes de que el saldo llegue a cero hay un número de días, no una sorpresa.

El reporte va desde el plan Básico. Las alertas de inventario bajo —en la aplicación y por correo, con su umbral en días y no en kilos— van en Todo incluido.

Comprar sal es una adivinanza: unas veces sobra y otras falta, y calcularlo te toma la mañana.

La compra sugerida sale del consumo real: cuánto se está yendo por semana, cuántos días de cobertura quedan y cuánto hay que pedir para llegar a la próxima compra. Es un reporte que ya está hecho, no un ejercicio que hay que rehacer cada mes en una hoja de cálculo.

Sabes cuánto compraste de suplemento. No sabes cuánto costó suplementar.

No son el mismo número. Entre la factura y el costo de suplementar están lo que quedó en bodega, lo que se le entregó a otro lote y lo que se perdió por el camino.

El kárdex valorizado le pone costo a lo que efectivamente salió, por lote y por suplemento, con el costo del inventario del que salió. A los dos meses hay una serie —qué lote, qué suplemento, qué mes—, no una anécdota.

Plan Todo incluido

Sabes que están suplementando. No sabes si están suplementando cuando toca.

El plan dice lunes, miércoles y viernes. Se hizo el lunes, se saltó el miércoles porque llovió y el viernes se echó doble: a fin de mes los kilos cuadran y el consumo total no delata nada. Es el incumplimiento que más pasa inadvertido, porque solo se ve mirando los días uno por uno — y porque el animal sí lo nota aunque la bodega no.

El cumplimiento se mide día por día y separa dos fallas distintas: entregar menos y entregar tarde. Y cuando un día no se entregó, a partir de la hora de corte que configure la finca el sistema le pide el motivo al mayordomo: un incumplimiento explicado y uno silencioso no son el mismo problema.

Compraste el suplemento, pasaron tres meses y no se notó nada.

Puede ser el forraje base, el punto de entrega que quedó donde el ganado no va, los animales dominantes que capturan buena parte, el producto que se apelmazó, un problema que no era nutricional — o, la más frecuente de todas, que el consumo real nunca fue el planeado.

BoviMonitor mide una sola de esas causas: cuánto salió, para qué lote y qué día. Es poco al lado de la lista, y es lo único que permite descartar las demás. Mientras no se sepa qué se entregó de verdad, todas las explicaciones valen lo mismo y la finca se gasta otro trimestre averiguando cuál era.

Las seis causas, una por una →

Pones la sal a voluntad y no sabes si están comiendo de más o de menos.

En libre acceso no hay dosis por evento que comparar. Lo que se registra es la recarga del saladero, y el consumo se deduce entre dos conteos físicos.

Por eso el plan lleva una banda: cuánto por cabeza por día consideras normal en tu finca, con el rango del empaque como punto de partida. El consumo medido se compara contra esa banda, y si faltan los conteos el sistema dice cuál falta en vez de publicar un número inventado.

Llevas planillas de papel que casi nadie vuelve a mirar.

Y cuando alguien las transcribe, la información llega peor de lo que salió: un 3 que era un 8, una fecha corrida, una hoja que se mojó en la moto.

La planilla no desaparece: se vuelve la pantalla del celular del que ya está en el potrero. Se registra donde ocurre y llega derecho, sin pasar por una segunda mano. Y funciona sin señal: queda en el teléfono y sube solo cuando vuelve la cobertura.

Llevas el registro en Excel, y llegar a algo útil cuesta más de lo que vale.

El Excel guarda bien y responde mal: para saber qué lote viene fallando hay que armar la tabla otra vez, y para entonces ya es el mes siguiente.

Aquí el cumplimiento, el kárdex y los días de inventario salen ya hechos sobre lo que se registró esta semana —y el costo, en el plan Todo incluido—.

Tu gente sale al potrero con la instrucción en la cabeza.

El operario abre la agenda del día en su celular y ve qué le toca: lote por lote, con su suplemento y la cantidad sugerida. Se va marcando a medida que entrega.

Registra lo que de verdad echó, en la unidad que le quede cómoda —bultos o kilos—, y la conversión la hace el sistema. No le pide más de lo que ya hace: le pide lo mismo, con el teléfono en la mano en vez de con la memoria.

Se está acabando el día y nadie sabe qué lote quedó sin suplementar.

El mayordomo tiene la lista de lo que falta antes de que se acabe el día, no al día siguiente cuando ya no hay nada que hacer.

Es la diferencia entre una entrega que todavía cabe dentro del periodo en el que servía hacerla y una que ya es un dato histórico. El aviso de entregas de hoy sin registrar va desde el plan Básico.

El registro de la finca vive en un cuaderno que se moja, se traspapela o lo corrige cualquiera.

Cada registro queda con su autor y su fecha, y no se borra: lo que se anula queda anulado a la vista, con quién lo anuló y por qué. El kárdex deja de ser un saldo y pasa a ser una historia.

Cuánto hacia atrás se puede registrar o corregir lo defines tú, y puede ser distinto para un administrador que para un operario. Y un cierre de periodo deja el pasado fuera del alcance de todos —incluido el dueño—: después de cerrado, con fecha anterior no se registra ni se corrige nada.

En tu finca no solo hay que controlar lo que se come el ganado.

El combustible, los aceites, los repuestos, las drogas: cualquier consumible entra al mismo inventario, con su kárdex y sus conteos —y con su costo, en el plan Todo incluido—. Unos pasan por bodega y otros se registran de consumo directo, según cómo lo manejes.

Viene desde el plan Básico, con el módulo que lleves — también si solo contratas Pastoreo.

Preparas tu propia mezcla en la finca.

La mezcla se define con su receta y se maneja de las dos formas en que se hace en campo: preparada con antelación, y entonces genera su propio inventario y se descuenta al entregar; o armada al momento, y entonces al entregar se descuentan sus ingredientes según la receta vigente.

En los dos casos el ingrediente sale de bodega y queda en el kárdex, que es lo que hoy se pierde cuando la mezcla se hace «a ojo» junto al comedero.

Plan Todo incluido

Cómo se mide la suplementación, en detalle

Módulo Pastoreo

Dónde está el ganado
y hace cuánto salió

Trece situaciones alrededor de una decisión que en casi toda finca se toma de memoria: cuándo mover y a dónde.

Nadie puede decir, en este momento, en qué potrero está cada lote.

Es la pregunta más sencilla de todas y casi ninguna finca la contesta sin llamar a alguien. Cuatro lotes son cuatro ubicaciones que solo sabe quien estuvo ahí esta mañana.

El mapa de la finca muestra cada potrero con el lote que lo ocupa, sus cabezas y desde cuándo está ahí. Se consulta en la web y en el celular — y en el celular también sin señal, con la imagen satelital descargada al teléfono.

Hace cuántos días salió el ganado de cada potrero es un dato que nadie escribió.

Veinte potreros son veinte fechas de última salida que viven en la cabeza de una o dos personas. Se transmiten hablando y se pierden cuando esas personas no están.

Un movimiento del ganado es un dato de tres campos —qué lote, a qué potrero, cuándo— y se registra desde el potrero, en el celular. A partir del primero, el mapa lleva la cuenta solo: días desde la última salida, potrero por potrero. Los que nunca se han usado salen marcados como tales, y suelen ser la sorpresa del primer mes.

Hay un potrero al que no ha entrado nadie en meses, y nadie lo ha notado.

Es el error más silencioso de la rotación: el del rincón, el que hay que cruzar el caño para llegar, el que quedó bien la última vez y justamente por eso nadie se acordó de él. Nadie lo reporta porque no hay nada que reportar — no pasó nada.

Se está pagando —cerca, impuesto, mantenimiento— y no está produciendo. Solo aparece cuando los potreros se pueden ordenar por días de descanso, que es exactamente lo que la memoria no sabe hacer.

Los potreros aguantan cada vez menos días, y se lo achacas al verano.

El sobrepastoreo casi nunca se manifiesta como un potrero arruinado. Se manifiesta como un potrero que cada ocupación soporta un poco menos, y esa caída es tan lenta que se le atribuye al clima o a la carga.

El historial de cada potrero —entrada, salida, permanencia, cabezas promedio y unidades animales de cada ocupación— convierte esa impresión en una serie. Cuando se pueden mirar las últimas seis ocupaciones seguidas, la caída deja de ser discutible.

Tu mayordomo sabe cuál potrero está listo. Nadie sabe cuál lleva más tiempo sin usarse.

No es un problema de criterio: la memoria contesta bien la pregunta de a uno y falla en la de comparar. «¿Este está listo?» se responde mirándolo. «¿Cuál de los veinte lleva más tiempo desocupado?» no se responde mirando nada.

Y la segunda es la que ahorra plata. Necesita una lista ordenada, no un recuerdo — y para eso basta con la fecha, sin ningún modelo de crecimiento del pasto.

Corres cuerda o cerca eléctrica, y el descanso que importa no es el del potrero.

Para el pastoreo por franjas el potrero como unidad no alcanza: lo que en el plano es un potrero de dos hectáreas son en realidad diez pastoreos distintos.

Las subdivisiones móviles se dibujan sobre el mapa, en el celular y en el potrero, por la misma persona que está corriendo la cinta. Se borran cuando se levanta la cerca, y cada una lleva su propio historial de ocupación y de descanso. El plano formal de la finca no se toca: las franjas son temporales por definición y así se modelan.

Pastoreo · Todo incluido

Tienes un plan de rotación, y nunca has sabido qué tanto se cumplió.

El plan de pastoreo es una secuencia de potreros con los días previstos en cada uno, para un lote o para varios que se mueven juntos. Se arma sobre el mapa, en el celular, tocando los potreros en orden.

Y al final está la pregunta que importa: qué tanto se pareció lo ejecutado a lo planeado. El reporte de precisión compara parada por parada y separa el «no siguió el plan» del «se quedó más días de la cuenta», que son dos cosas distintas y se corrigen distinto.

Cada vez que llueve hay que rehacer el plan.

No hace falta. El plan se proyecta sobre el calendario desde donde el ganado está hoy, así que si la ejecución se atrasa, todo lo que sigue se corre solo.

La ocupación en curso muestra cuántos días faltan de los previstos, y no desaparece cuando se acaban: mientras el lote siga ahí, marca cero. Y si el lote se salta una parada, el plan no la borra — queda marcada, porque ese pasto sigue creciendo y habrá que consumirlo pronto.

El plano de la finca lo tienes en Google Earth y no lo usa nadie.

Ese archivo es exactamente el punto de partida. El catálogo de potreros se carga una vez desde un KML o KMZ de Google Earth, o desde un GeoJSON, y de ahí en adelante deja de ser un dibujo: pasa a ser el mapa sobre el que se registra el ganado y se calcula el descanso.

Si todavía no lo tienes, hay que hacerlo antes. Es lo único que hay que preparar para arrancar con el módulo.

No sabes cuánta de tu finca alimenta de verdad.

No todo el potrero da pasto: el bosque, el humedal, una ladera muy pronunciada. Cada potrero lleva su área pastoreable —se escribe en hectáreas o como porcentaje, y la otra cifra se calcula sola— y los reportes de pastoreo miden sobre ella, no sobre el perímetro.

La carga por hectárea cambia bastante cuando se descuenta lo que no come nadie. El mapa sigue mostrando el potrero completo.

El ganado pasa en los corredores un tiempo que no está contabilizado en ninguna parte.

El área de tránsito entre potreros también se pastorea, y casi nunca aparece en ningún registro. Los corredores se llevan como lo que son: con su propia ocupación, su propio descanso y su resumen dentro del historial de pastoreo.

Pastoreo · Todo incluido

Quieres saber por dónde ha pasado un lote en los últimos tres meses y no hay dónde mirarlo.

El historial de pastoreo se consulta por fecha, por potrero, por sector y por lote. Trae las ocupaciones y también los periodos en que cada potrero estuvo desocupado, con su duración — que es la mitad de la historia que normalmente no se escribe.

Los sectores agrupan potreros vecinos para leer la finca por zonas y no de a un potrero por vez. Van desde el plan Básico.

Metes un potrero nuevo o corriges una cerca, y te da miedo perder lo que ya llevabas.

El plano se puede volver a cargar. Los potreros que ya existen se reconocen y se actualizan conservando su historia, y los nuevos entran junto a ellos.

Cambiar el plano no reinicia el descanso ni borra las ocupaciones anteriores: la finca crece o se corrige sin empezar de cero.

Los dos errores de rotar de memoria, en detalle

Con cualquiera de los dos módulos

Lo demás que pasa
en la finca cada día

Nueve situaciones que no dependen de cuál módulo contrates: vienen con el que lleves.

En tu finca casi no hay señal, y por eso nada de esto te ha parecido posible.

Es la primera objeción de casi todo el mundo, y es la que define cómo está hecha la aplicación. La app de Android trabaja sin internet: todo lo que se registra queda en el teléfono y sube solo cuando vuelve la cobertura.

El operario no tiene que acordarse de nada ni caminar hasta el punto donde hay línea para reportar. El mapa de la finca también se consulta sin señal, con la imagen satelital descargada al teléfono — que es la única forma de que sirva en el potrero, que es donde se necesita.

El día que se vaya tu mayordomo, se va con la información en la cabeza.

Es el argumento más incómodo de la lista y el más real. Buena parte de lo que sabe tu finca hoy —qué se le echó a cada lote, dónde estuvo, hace cuánto salió de cada potrero— no está escrito en ninguna parte, y funciona perfectamente mientras esa persona esté.

Lo que se registra queda en la cuenta de la finca, no en una persona ni en un teléfono. El que llegue abre la misma pantalla y encuentra la historia completa. Y no hay que esperar a que alguien se vaya: pasa igual con unas vacaciones, una incapacidad o un administrador nuevo.

Vives lejos de la finca y te enteras de las cosas cuando ya pasaron.

Lo que se registró hoy en el potrero está en la web hoy: cumplimiento y diferencias, mapa de la finca, descanso por potrero, inventario, costos y evidencias.

Puedes mirar cinco minutos a la semana o unos minutos cada día. Lo que cambia no es cuánto miras — es que hay algo que mirar, y que ver lo que pasó en la finca deja de exigir estar en la finca.

Pides una foto por WhatsApp y no sabes de qué día ni de qué potrero es.

Las evidencias se toman dentro de la app y quedan pegadas a la actividad que documentan, no perdidas en un chat con trescientos mensajes.

En el plan Todo incluido cada foto sale con marca de agua: fecha, hora y ubicación — el nombre del potrero si se tomó dentro de uno, o las coordenadas si fue fuera. Y cuando la finca lo exige, la app comprueba con el GPS que quien registra esté donde dice estar.

En la finca hay otras veinte cosas que hacer, y solo te enteras de las que salieron mal.

Conteo de cabezas, mantenimiento de cercas, aforo de potreros, revisión de bebederos, lo que tu finca necesite. Cada actividad se programa con su frecuencia y su vigencia, se le asigna a quien debe ejecutarla y se reporta desde el celular, con foto y ubicación si la finca las exige.

Todo queda en la bitácora de la finca, en orden y con su responsable. Va desde el plan Básico, con el módulo que lleves.

Manejas varias fincas y compararlas es pedir tres reportes y cuadrarlos a mano.

Todas las fincas viven en la misma cuenta y se pasa de una a otra desde el selector, con cualquier plan. La tarifa por finca además baja a medida que agregas.

Con el plan Todo incluido puedes trabajar sobre varias fincas a la vez y sacar reportes consolidados, sin sumar nada por fuera. Es también el caso del asesor o el administrador que lleva fincas de terceros.

Alguien de afuera te pide pruebas de lo que se hizo en la finca.

Un socio, un comprador, un banco, un asesor, una certificación, el programa de un proveedor. Lo que tienes para mostrar es el registro de lo que se hizo, con su fecha, su responsable y su evidencia fotográfica fechada y ubicada. Con el plan Todo incluido las fotos se guardan cinco años; con el Básico, uno.

BoviMonitor no expide certificados ni sustituye a quien los expide. Aporta la otra mitad: la trazabilidad sobre la que se sostiene uno, que es justamente lo que hoy no existe cuando el registro es una planilla.

Necesitas darle acceso a tu gente sin darle acceso a todo.

Cada persona entra con su propio usuario y su propio rol —dueño o administrador, mayordomo, operario— y ve lo que le corresponde. Los usuarios son ilimitados: se paga por finca, no por persona, así que sumar al equipo entero no sube la cuenta.

En el plan Todo incluido los permisos se ajustan finca por finca, por encima de lo que trae cada rol.

Cerraste el año y los números de marzo todavía los puede tocar cualquiera.

El cierre de periodo deja el pasado fuera de alcance: después de cerrado, nadie registra ni corrige nada con fecha anterior. Tampoco el dueño — un cierre que admite excepciones no es un cierre.

Se cierran por separado el inventario y las cabezas, por un lado, y el pastoreo por el otro, porque no siempre se cuadran al mismo tiempo.

Alcance

Lo que no vas a encontrar
en esta lista

Si buscaste tu situación y no está, puede ser que quede fuera a propósito. Conviene decirlo aquí y no después de que pruebes.

  • No formula raciones ni balancea dietas. El plan nutricional lo define tu veterinario o tu zootecnista. El sistema se encarga de que ese plan se ejecute y de mostrarte qué tanto se ejecutó.
  • No mide el pasto. No estima aforo ni biomasa ni te dice cuándo entrar a un potrero. Puedes programar el aforo como una actividad más y dejarla registrada con foto, pero el número lo pone quien lo mide.
  • No lleva reproducción ni sanidad individual. No hay historia clínica, ni servicios, ni partos. Trabaja sobre lotes y sobre la actividad diaria del ganado en los potreros, no sobre el animal uno por uno.
  • No es contabilidad ni facturación. Calcula el costo de lo que salió de tu bodega; no reemplaza al software contable de la empresa ni emite documentos.
  • No adivina el consumo en libre acceso. Sin conteos físicos del saladero no hay consumo medido, y el sistema lo dice en vez de rellenarlo. Preferimos un dato que no está a un dato que no es.

Si te sonó alguna

No hace falta que te suenen todas

Casi ninguna finca llega por la lista completa. Llega por una, y las demás aparecen después.

La mayoría entra por una sola de estas situaciones. Casi siempre es la sal que no cuadra, o el potrero que lleva cuatro meses sin que nadie entre. Lo que suele pasar en el primer mes es que aparecen tres o cuatro más que nadie tenía en la lista, porque nunca antes hubo con qué verlas.

Y el orden importa menos de lo que parece. Se empieza por el módulo que resuelva lo que hoy te duele —Suplementación si el problema es la bodega y la entrega, Pastoreo si es dónde está el ganado y cuánto descansa el pasto— y el otro se agrega cuando quieras, sobre la misma cuenta, la misma gente y el mismo celular. También puedes empezar con los dos.

Treinta días con tu operación real, sin tarjeta de crédito y sin compromiso de permanencia. Es tiempo de sobra para saber si alguna de estas treinta y seis era la tuya.